Relamo una herida que huele,
a lilas rompiéndose sobre la nieve,
Herida que besas buscando porqués,
pero el gris de mi sangre no entiende de nombres.
Aun así, la besas sitiando los bordes,
Con esa Lengua cobriza que invoca flores,
Que busca nubes como respuesta al acero,
Y no entiende lo intermitente de este impulso huero.
Será la nostalgia de un pasado plomizo,
Dices, los cambios sin remitente ni aviso,
La subjetiva injusticia que tensa la cuerda,
En un mundo donde nadie vive lo que cuenta.
Pero si mi amor se ha vuelto cueva,
Y las sombras son telas que envuelven mis ojos,
No es por la perenne decepción pasajera,
Es por no veros a vosotros en el fondo de mi rostro.
Si quieres ayudar solo dime lo que piensas,
Quédate a mi lado, no busques respuestas,
Esta lucha con mi ego no hace falta que la entiendas,
Solo ésta ahí, cuando cale la tormenta.
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