El sol cose espalda a la camisa con sudor,
escucho coches que me rugen en si bemol,
yo como siempre llego pronto,
hundo el rostro en el móvil, quedo absorto.
ella llega puntual, oye rubio como estás,
si te digo la verdad, tengo mucho que contar,
¿Qué vais a tomar? ella té rojo con limón
Yo café con leche, ¿con hielo? digo no.
el café lo mancha to de otoño,
mi lengua es árbol, y le hablo de Oporto,
de amores rotos y otros a la deriva,
disecados en el margen de la herida.
MIra antes de continuar con el monólogo,
apuro un sorbo y capto el entorno,
vuelvo a tomar conciencia del tiempo,
y me pregunto dónde ha estado hasta el momento.
El tiempo es nuestra impaciencia dijo Umbral,
construimos un collar atado a la yugular
vorágine vulgar, de inmediatez crepuscular
y la impaciencia me saca a pasear.
Proyectando el lado amable del veneno,
concupiscencia de lo absurdo y el autoconcepto,
somos verdades a medias en enjambre,
proyectando siempre el lado bueno del alambre.
Alarde de dolor iridiscente,
llega tarde el sabor clarividente,
vivimos en un frame que nos haga deseables,
rosa que arde al grito de miradme.
Me válido en la oquedad de las miradas,
le puse filtros a la fealdad de las llagas,
mido la vida con la vara de la trascendencia,
mas en la levedad del ahora vi su esencia.
Así que, quizá y solo un poco,
vi que la vida no es amiga de los focos,
y vive, en la manta y el sofá,
en todo aquello que consideré nimiedad.
Las compras con los compas de piso,
en el vóley y el hindú de los domingos,
en los recitales en los que ya ni recito,
Tardes de juegos de mesa con amigos.
En leer y escribir sin pretensión ni prisas,
cosas que a primera vista no son percibidas,
en el café, conversaciones con mi padre,
ahora que lo sé, ya nunca llegó tarde.
Tú sigue haciendo Alarde de dolor iridiscente,
que llega tarde el sabor clarividente,
vivís en un frame que os haga deseables,
rosa que arde al grito de miradme.
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