jueves, 5 de febrero de 2015

A dos metros bajo tierra

Me levanto de la cama maldiciendo al despertador, al sol por acariciar mis ojos cuando no lo he pedido, ocultando con su presencia el tibio brillo de la luna. Me levanto maldiciendo las horas que no he dormido o las que me quedan por dormir pero nunca, nunca me he levantado pensando: Gracias.

¿Para qué? ¿Por qué debería hacerlo? Pensando que la vida me debe por derecho un día más. Y así poder pasar la vida entre cosas que no callo, entre luchas que siempre estoy librando por conseguir lo que quiero y las cosas que me guardo, los miedos que me escondo, las acciones que no demuestro, no decir todo lo que pienso o siento, porque siempre habrá tiempo,  porque siempre habrá una oportunidad y si no es hoy, será mañana, porque el mañana siempre llega, porque la vida me debe ese día y el siguiente y el siguiente...

Y me gustaría hablar en general, como si eso le pasará a todo el mundo, pero no lo sé y sería engañarme pues en el fondo se que estoy hablando de mí. Preso de esta vorágine de rutina, de creer que la muerte es algo anti-natural y que no tiene porque llegar o que es ajena a las personas que me rodean. Me odio por necesitar de una pérdida para darme cuenta de que no siempre van a estar ahí a mi lado, de que me quedaban tantas cosas por hacer, tantas cosas por decir y que ya no podré hacerlo nunca más para darme cuenta de que tenemos los segundos contados y que en parte depende de mi como aprovecharlos. Y entonces en un lógico y estúpido arrebato me dedico a hacer letras para acallar la conciencia, como si decir lo que no dije antes sirviera de algo, como si hacer más caso que antes a la gente que me rodea paliase todo lo que no les he dado antes. Pero lo que más odio es que ese sentimiento de desazón y de repulsión a mi mismo dure lo que tarda en morir un suspiro. Y vuelva a callar, vuelva a no demostrar todo lo que siento, a acomodarme en la vida por volver a creer que ella me debe un día más, y que si no he podido demostrar algo o luchar por algo hoy, siempre podré hacerlo mañana.

No joder, no siempre va a haber un mañana, dejemos de exigirle al futuro algo que jamás nos va a prometer. Un día más. Y no, este escrito no es un canto a la vida, no pretendo ni quiero incitar a nadie con el eslogan de "aprovecha cada segundo de tu existencia", no te pido que te levantes dando gracias, ni diciéndole a la gente de tu alrededor que le quieres cada cinco minutos por sí acaso te pasase algo  ese mismo día. Haz lo que quieras con tu vida.

Pero ella no te debe nada y cuando el futuro se vista de negro y haya personas que desaparezcan y ya no puedas decirle nada, no puedas demostrarle nada, no te quejes, sufre, pero no te quejes ni creas que lo que hagas después para lavar la conciencia servirá porque tuviste la oportunidad y todo lo que una vez callaste sera tu maldita carga, y la llevarás siempre.

Tú sabrás la carga que quieres aguantar sobre tus hombros, o no.
Yo sabré la carga que quiera aguantar sobre mis hombros, o no.

No hay comentarios:

Publicar un comentario