Lo siento, repaso en silencio, cada uno de los momentos
y lo admito.
No supe ser un buen dueño, tampoco tu mejor amigo.
por eso me adueño de papel y traigo
versos con los encubrir el engaño,
versos con los encubrir el engaño,
así persigo evadir el desdeño que antaño me abrigó,
como si una letra pudiera saldar las deudas que contraje contigo.
Estuviste cuando el amor levantó una frontera entre mis padres,
con el sabor a abandono que dejó impregnado en las paredes
de una casa que no la espera.
Cuando entiendes que mama vendió a la franqueza por 30 monedas,
con la promesa de tiempos mejores, lejos, ahí fuera
desde entonces el recelo y la certeza ondean mi bandera.
Me viste crecer, de adolescente a este adulto imberbe,
me viste odiar a mi familia por mentiras a la cara,
cuando nadie repara en el daño y solo nos ampara
estar callado como forma de hacerse fuerte.
Me has visto enamorarme, jugar al despiste con las agujas del reloj,
me descubriste apagado, sin luz y sin voz preso de un adiós precoz.
Y estuviste a mi lado lamiendo las heridas,
cicatrizando sentimientos ajados por excesivas despedidas.
y nunca pediste nada a cambio, tan solo caricias y compañía.
Y juro que maldecía sacarte por las mañanas y a tu aliento,
cuando me cubrías de baba como muestra de afecto,
jugándonos la correa a piedra papel o tijera,
la eterna discusión entre tierra o acera.
Sigo el sonido de tus pisadas hasta tu colchón
pero ha desaparecido, como la simetría que existía en el salón,
yo que presumía de no haber perdido a nadie,
me doy cuenta del tiempo que he perdido, de que vuelvo a llegar tarde.
Y mi madre llora
mi hermana llora.
Mel te añora.
Y yo odio buscar sin suerte manchas en la ropa
la discusión que provoca saber a quién le toca
sacarte, no estar pendiente de la hora
de no haber entendido todo esto ahora.
Nunca fuí un buen dueño, tampoco tu mejor amigo.
y quizás no tenga derecho a decirlo
pero te prometo
que siempre tendrás un hogar bajo mi pecho.
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